LAS VELAS
Situémonos en la cena de Nochebuena. Es la gran velada del año.
Una velada como Dios manda no puede quedar apagada por la luz
eléctrica. Si queremos que en esa cena se evoque el misterio de la luz,
que es uno de los símbolos de la Navidad, hay que darles
a las velas su parte de protagonismo.
No podemos olvidar, en efecto, que la Navidad es la cristianización
de la más antigua de las fiestas de la humanidad.
Es, pues, una fiesta de luz, luz que vence a las tinieblas durante la
noche, en la vigilia, llamada también vela. Precisamente de ahí procede esta palabra, del latín vigilia, que se llama así a partir del verbo vigilare, que denominó las noches en vela, porque era en este tramo horario cuando era más importante la vigilancia.
Las horas de la noche las dividían los romanos en vigilias.
De ahí que a todas las actividades realizadas de noche,
una vez desaparecida la luz del sol, se las llamase vigilias o
veladas porque además en ellas las velas eran imprescindibles.
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